Hay obras que rezuman corazón y belleza desde el preciso instante en que sus actores pisan el escenario despojándose, desde este momento, de su propia piel para habitar otra a la que visten de humanidad. Un acto de generosidad que encuentra su sentido en el sentir del público. Si hablamos de El Diario de Adán y Eva obligatoriamente debemos hacer referencia a la intensidad de un texto brillante por el que discurren las emociones más humanas. A partir de aquí sólo hay que dejarse inundar por cada palabra, cada gesto y cada mirada, reales como la propia vida, El latir de la historia impregna el teatro y sucede una magia sin igual a partir de la cual cada espectador moldea lo que recibe adaptándolo a sí mismo, interpretando una historia que le pertenece. Fernando Guillén Cuervo y Ana Milán versionan la adaptación que Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá hicieron del texto de Mark Twain . La química entre ellos puede palparse en el baile de emociones que encierra este Diario...