Hay obras que rezuman corazón y belleza desde el preciso instante en que sus actores pisan el escenario despojándose, desde este momento, de su propia piel para habitar otra a la que visten de humanidad. Un acto de generosidad que encuentra su sentido en el sentir del público. Si hablamos de El Diario de Adán y Eva obligatoriamente debemos hacer referencia a la intensidad de un texto brillante por el que discurren las emociones más humanas. A partir de aquí sólo hay que dejarse inundar por cada palabra, cada gesto y cada mirada, reales como la propia vida, El latir de la historia impregna el teatro y sucede una magia sin igual a partir de la cual cada espectador moldea lo que recibe adaptándolo a sí mismo, interpretando una historia que le pertenece.
Fernando Guillén Cuervo y Ana Milán versionan la adaptación que Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá hicieron del texto de Mark Twain. La química entre ellos puede palparse en el baile de emociones que encierra este Diario, donde tres realidades escénicas se unen para crear una acompasada velada en la que el amor es protagonista: una primera realidad que se remonta al origen del hombre y la mujer desde el punto de vista de la mitología cristiana, otra que nos lleva de la mano hasta la España de los 60 para hacernos formar parte de la última emisión de un programa de radio donde Felipe y Catalina versionan clásicos de la literatura universal, y una última donde, en la actualidad, el mismo Felipe recuerda su vida con Catalina a propósito de una entrevista radiofónica que concede para conversar de aquel tiempo en que protagonizaba grandes clásicos como actor radiofónico.
El intenso tono melancólico, muy presente en cada momento, se mezcla con pespuntes de humor que hacen del ritmo de la obra un equilibrio perfecto, alejado de extremos e imposiciones artificiales. Natural y humana, la vida se cuela en el Diario de Adán y Eva para adquirir una tonalidad diferente según la esencia de cada espectador. Y esta es parte de la grandeza de un texto que sólo se entiende desde la emoción y el corazón. Lo saben bien Fernando Guillén y Ana Milán, quienes logran una conexión que sucede con la fluidez que da la ausencia de premeditación. Esta pareja protagonista ofrece su alma al servicio de los personajes y armoniza la melodía orquestada sobre las tablas, respetando y cuidando el libreto original, pero sirviéndose de las justas concesiones que permiten actualizar la propuesta en un formato teatral más contemporáneo.
El Diario de Adán y Eva es, en parte, un homenaje al medio radiofónico; al lugar donde habitaba un mundo de sonido que buscaba completarse de texturas con la imaginación del oyente. Pero, más allá, esta historia habla de aceptación entre hombres y mujeres, de conocimiento, de amor en el sentido más amplio y asumiendo la fuerza que dirige su fuerza. Como un torrente de emociones, con el corazón en el centro, el Diario de Adán y Eva te sacudirá por dentro.
El Diario de Adán y Eva, en cartel hasta el 15 de marzo en el Teatro Bellas Artes de Madrid.
Autor: Mark Twain
Versión: Blanca Oteyza, Miguel Ángel Solá y Manuel González
Dirección: Miguel Ángel Solá
Reparto: Ana Milán y Fernando Guillén Cuervo
Escenografía: Miguel Oteyza
Vestuario: Nicolás Vaudelet
Iluminación: Daniel Bosio
Producción: Un Cuervo en Milán y Pentación Espectáculos


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