En la España de principios de los años 70, con el franquismo aún firmemente arraigado en la sociedad, un grupo de chicas muy jóvenes decide jugar al fútbol en un país que no contempla su lugar en el deporte. En el camino encuentran a un aliado inesperado: un promotor deportivo tan audaz como visionario. Juntos, y contra todo pronóstico, desafiarán al sistema y pondrán la primera piedra de una lucha que cambiará siempre la historia del fútbol femenino en España.
Tras consolidar una voz propia en el cine español con películas como Mi querida cofradía (2018) y Los buenos modales (2023), la directora Marta Díaz de Lope Díaz presenta Pioneras. Sólo querían jugar, su nuevo trabajo, que compite en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Con esta película, la cineasta amplía su mirada hacia una historia poco contada: la de las mujeres que abrieron camino en el fútbol cuando ni siquiera se concebía que pudieran ocupar ese espacio.
Desde sus primeros trabajos, Díaz de Lope Díaz ha mostrado una sensibilidad especial hacia los relatos colectivos y las dinámicas de grupo, algo que aquí se convierte en uno de los grandes aciertos de la película. Pioneras se construye precisamente desde esa dimensión coral: un conjunto de voces que, más que competir entre sí, se complementan para dar forma a una memoria compartida.
En ese sentido, el reparto funciona con una naturalidad admirable. La fuerza del relato reside precisamente en el equilibrio del conjunto. Las intérpretes construyen un trabajo coral sólido y honesto, donde cada personaje aporta una pieza necesaria al mosaico de experiencias que la película quiere recuperar. El resultado es un grupo que se siente vivo, creíble y profundamente humano.
La película funciona, ante todo, como un gesto de memoria. Más que levantar un relato épico, la directora opta por una aproximación íntima a aquellas mujeres que, movidas simplemente por el deseo de jugar, desafiaron las normas sociales de su tiempo. El título no podría ser más revelador: solo querían jugar. En esa aparente sencillez se esconde, en realidad, toda la dimensión política de su gesto.
A través de recuerdos, testimonios y contexto histórico, la película construye una narrativa donde lo importante no son los partidos o los resultados, sino el entorno social en el que estas mujeres tuvieron que desenvolverse: la incredulidad, el desprecio o la invisibilidad que durante décadas rodearon al fútbol femenino.
Durante décadas, el fútbol fue entendido como un territorio exclusivamente masculino, un espacio social reservado a los hombres dentro de una estructura profundamente patriarcal que dificultaba —cuando no directamente impedía— la presencia de mujeres en el deporte. En España, aunque muchas ya llevaban años organizándose y jugando partidos de manera informal desde principios de los setenta, el fútbol femenino no sería reconocido oficialmente por la Real Federación Española de Fútbol hasta 1981. Ese mismo año nacería la Copa de la Reina de fútbol, la primera gran competición femenina impulsada por la federación, marcando un punto de inflexión en la institucionalización del deporte.
Antes de ese reconocimiento, las jugadoras que aparecen evocadas en el espíritu de Pioneras ya habían comenzado a abrir camino. Equipos improvisados, torneos interprovinciales y hasta selecciones no oficiales surgieron gracias a mujeres que, movidas simplemente por la pasión por el juego, decidieron ocupar un espacio que la sociedad no había pensado para ellas. Aquel fútbol de los años setenta existía en los márgenes: sin apenas apoyo institucional, pero sostenido por la ilusión de sus jugadoras y por un público que empezaba a descubrir una realidad que hasta entonces había permanecido invisibilizada.
Díaz de Lope Díaz maneja este material con sensibilidad, evitando el sentimentalismo fácil. Más que glorificar a sus protagonistas, la directora parece interesada en rescatar una memoria que durante demasiado tiempo quedó fuera del relato oficial. Así, Pioneras. Sólo querían jugar se convierte también en una reflexión sobre cómo se escribe —y a veces se borra— la historia.
En un momento en el que el fútbol femenino comienza a ocupar un espacio más visible, la película actúa como un necesario ejercicio de reconocimiento. Porque muchas de las conquistas actuales nacen de gestos aparentemente pequeños: el simple deseo de jugar.
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