- Película sobre los primeros años de carrera del humorista Eugenio. Barcelona, finales de los 60. Eugenio Jofra, un joven joyero, conoce a Conchita y el flechazo es instantáneo. Eugenio aprende a tocar la guitarra para acompañar a Conchita, para lo que tendrá que luchar contra el miedo escénico. Empieza así la carrera musical de ‘Els dos’. Cuando Conchita se tiene que ausentar durante dos semanas de Barcelona, convence a Eugenio de que lleve las actuaciones a cabo él solo. Cuando regresa, Eugenio se ha convertido en un fenómeno del humor underground de la ciudad. Poco a poco, entre los dos irán construyendo al personaje: las gafas, la camisa negra, el taburete, los cigarrillos y el vaso de tubo, que se convertirá en un éxito inesperado en una España deprimida que busca desesperadamente reírse con ese singular cómico que empieza todos sus chistes con ‘Saben aquell que diu…".
La imagen que se nos viene a la mente cuando pensamos en el humorista Eugenio es inmediata y hace alusión a los elementos que crearon su icónico personaje, tan definitorias de su identidad como novedosas en referencia a lo esperado de un cómico: un rostro imperturbable, gafas ahumadas, atuendo oscuro, un cigarrillo, vaso en mano, ni una sóla mueca que denote algún sentimiento siquiera cercano a la alegría. Sus chistes han dado la vuelta al mundo y su figura ha sido enormemente reconocida. Bien podría parecer que conocemos a Eugenio, dada su presencia tan reiterada durante años en las televisiones del país. Sin embargo, lo particular de este ejercicio cinematográfico es que nos permite ver más allá, ajustar el foco en lo invisible; trascender a la armadura escénica mostrada, la misma que ocultaba lo que existía tras el personaje conocido y nos alejaba categóricamente de su realidad.
David Trueba -quien no sólo dirige, sino que firma el guión junto a Albert Espinosa- compone con absoluta maestría esta historia que nos acerca a los primeros años en la vida adulta del cómico, antes del estrellato. Es desde el amor que nos acercamos a Eugenio Jofre en Saben Aquell; desde esa historia común que escribió con Conchita; la mujer que, a la sombra, fue la responsable en gran parte de su fama. Innegable su influencia en todo lo que Eugenio consiguió. Innegable el amor y la entrega en una Conchita que fue pieza clave en su ascenso y que Carolina Yuste interpreta a golpe de una verdad inmensa que puede leerse en sus ojos, en sus gestos, en esa voz preciosa que nos regala en varios momentos de la película y que aún resuena con más belleza en esa versión de "T'estimo" de Lluís Llach; difícilmente la olvidaremos tras su visionado. Conchita es la figura de tantas otras mujeres que permanecieron en un segundo plano y renunciaron a sus anhelos, ocupando exclusivamente el lugar de los cuidados. Por eso, entre otros motivos, son tan necesarias historias como esta: por la justicia de dar visibilidad a quienes permanecieron ocultas.
El tándem que conforman Carolina Yuste y David Verdaguer es de una química que traspasa cualquier pantalla, con absoluta fidelidad -a su vez- a la personalidad de cada uno. Es fácil entender cada movimiento de ambos personajes, en parte por la honestidad que imprimen a sus personajes los dos actores principales. Creíbles y alejados por completo de la imitación, configuran a un Eugenio y a una Conchita que quedarán para el recuerdo. El respeto por sus personajes se palpa en cada escena, por ejemplo, cuando en las distintas formas de mirar de cada uno se lee una misma palabra con una intensidad, no obstante, parecida: el amor. A pesar de la dificultad que implica el personaje de Eugenio, marcado por su hieratismo y falta de emocionalidad, Verdaguer hace brillar con naturalidad un personaje que, en una de las escenas finales, termina mostrando su cara más humana, precisamente desde ese amor tan presente durante todo el metraje. Y descubrimos, desde él, al genio que nos hizo reír a pesar de no ser feliz y que alcanzó su mayor popularidad justo en su momento vital más sombrío.
A favor de "Saben Aquell" juega la perfecta ejecución e interpretación de una historia que tiene interés en sí misma, sin que el conocimiento previo de la figura de Eugenio constituya un apunte indispensable para disfrutar de esta ficción que tiene recorrido por sí sola, sin que la vinculación con el personaje real resulte en ningún caso necesaria para asumir el contenido. Asímismo, resulta destacable la cuidada ambientación de la película, que marca sin duda el retrato de una época, esmerándose en los detalles y consiguiendo una suma perfecta al conjunto. El cine, en tantas ocasiones, invita a un viaje que nos hace habitar otros espacios, otros tiempos, otros lugares.
Difícil encontrar algo en contra de esta película que se ha convertido en una de las más memorables que componen la filmografía de Trueba.


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