La Gran Familia Española es una comedia sobre una boda que transcurre durante la final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Ese día de catarsis colectiva, mientras el país se paralizaba, una familia compuesta por cinco hermanos con nombres bíblicos –Adán, Benjamín, Caleb, Daniel y Efraín- también se va a enfrentar al partido más importante de su vida. ¿Serán capaces de ganar? ¿Vale ganar de cualquier manera? ¿Se puede perder con dignidad? ¿Hay que jugar al ataque o es mejor defenderse y jugar al contragolpe?
Daniel Sánchez Arévalo nos ofrece a través de esta familia tan peculiar diferentes formas de entender el mundo correspondientes a las distintas generaciones que en conjunto la componen. Hay que destacar el trazo fino con el que Sánchez Arévalo suele perfilar a cada uno de los personajes que dibujan sus obras, todos ellos definidos de manera exacta y compuestos de matices que hacen de cada uno de estos un universo único donde es fácil adentrarse. Resulta sencillo sentirlos como parte de uno mismo porque lo que nos ofrecen estos personajes es tan real como la vida. Las desilusiones que arrastran, los deseos que en silencio persiguen y la fuerza contenida que muestran los componentes de esta gran familia, cada uno en una línea con lazos comunes, nos producen un sentimiento de ternura que hace ruido en nuestro interior. El cine de Sánchez Arévalo siempre mueve por dentro, y en la misma onda de "Primos", "La Gran Familia Española" muestra una crudeza gris con tonos cómicos que nos mantiene absolutamente absortos ante una historia narrada con brillantez y pericia. Hablamos de equilibrios porque pensamos que Sánchez Arévalo sabe conseguirlos sin esfuerzo y es un mérito añadido que convierte a sus películas en auténticas obras de culto; la combinación de drama y comedia es una muestra más que certera de la consecución exitosa de un equilibro perfecto entre dos géneros que casan muy bien si son tratados de manera correcta, habitualmente Sánchez Arévalo sabe como fusionarlos para que quede una historia que no es triste, porque te hace reír, pero tampoco feliz, porque te hace llorar. En medio de algo que podría ser caótico o directamente un intento frustrado está la perfección que logra nuevamente un director que sabe cómo jugársela y salir más que airoso. No podemos dejar de hablar de esta película sin incurrir en el elenco de actores que hacen de "La Gran Familia Española" una película memorable, hay que destacar el trabajo realizado por el triángulo protagonista; Arantxa Martí, Sandra Martín y Patrick Criado resultan creíbles bajo una naturalidad que encaran con tanta energía como talento. Todos los personajes dentro de esta gran familia están interpretados con solvencia y cada uno de los actores ha sabido representar sólidamente la personalidad de su personaje; Roberto Álamo ("La piel que habito", "Te doy mis ojos"), Verónica Echegui ("Seis puntos sobre Emma", "La mitad de óscar"), Antonio de la Torre ("Caníbal", "Grupo 7"), Quim Gutiérrez ("Los últimos días", "Primos") y Miquel Fernández ("Alpha", "Fin") retratan a la perfección las relaciones familiares y las diferencias individuales que hacen de cada uno un ser único y desmarcado del resto. Mención especial merece el personaje de Raúl Arévalo ("Primos", "Los girasoles ciegos"), que aun apareciendo escasos minutos en pantalla, logra la carcajada del público.
En “La Gran Familia Española” todo fluye con el ritmo preciso, sin lentitud ni giros inexactos, formando un mosaico perfecto donde además la música acompaña cada sentimiento y donde los diálogos encuentran un sitio dentro de nosotros. Una verdadera obra de autor que hay que disfrutar como tal, en pantalla grande.


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