El pujante Festival de Cine de Málaga, que cumple con este diecinueve años, desplegó su alfombra roja el pasado viernes y llenó la ciudad malacitana de color, calor y pasión por el séptimo arte. Durante esta semana críticos, aficionados y profesionales de la industria comparten el mismo espacio con el afán de intercambiar posturas y puntos de vista. Málaga respira cine y se engalana para recibir a los actores y directores más importantes del cine español, que llegan para presentar sus últimos trabajos y permitirnos a nosotros, los espectadores, disfrutar de ellos.
Este año son 13 las películas que compiten por la Biznaga de Oro y, a pesar de no optar a premio por encontrarse fuera de concurso, el pistoletazo de salida llegó acompañado de un inconfundible aroma malagueño, el que destila Toro, la película que el pasado año ya revolucionaba la Costa del Sol y la capital al situar su rodaje en los escenarios de la provincia. Para completar la faena, el segundo largometraje de Kike Maíllo volvió a sus orígenes e hizo su presentación oficial en Málaga. Una presentación que coincidió, además, con su estreno comercial en pantallas de toda España.
“Toro” es un
thriller de acción que transcurre durante 48 frenéticas horas. Dos hermanos se
reencuentran después de cinco años. Uno ha estado en la cárcel. El otro ha
robado a un peligroso perista y ahora huye junto a Diana, su hija pequeña. Los
tres emprenden un viaje por una Andalucía violenta, mítica, agreste y salvaje.
Un viaje en el que aparecen las viejas heridas del pasado y en el que los
hermanos se ven obligados a reconciliarse para salvar la vida.
Se
trata de un thriller de acción ambientado en los bajos fondos andaluces. No
faltan, en ese toque sureño tan reconocible, las constantes referencias
visuales a Málaga. Ni las persecuciones con coches. Ni la corrupción, durante
toda la trama más que presente dentro de una historia en la que los personajes
pertenecen a tres generaciones de delincuentes que representan la situación
política que vive el país. La película, que bebe concienzudamente del cine de Nicolás Winding Refn, supone una inmersión en un mundo oscuro y muy violento, plagado de sangre, cuentas pendientes y venganza. En ese camino, la última película de Kike Maíllo hace alarde de una lóbrega estética que sume al espectador bien a conciencia en una atmósfera dominada por la tensión, mantenida con pulso a lo largo de toda la cinta. Si bien sus innegables influencias -podemos citar "Drive" acaban desgastando originalidad, la película entretiene y logra el propósito.
Convertidos
por el argumento en hermanos, Mario Casas y Luis Tosar comparten protagonismo y
se ceden espacio. Casas, uno de los actores más taquilleros de nuestro cine,
hablaba durante la rueda de prensa acerca de la importancia de tener referentes
en una carrera que va consolidándose sin el recurso de “sex symbol” que hasta
el momento le ha acompañado. Y entre esos referentes tiene claro que se
encuentran Luis Tosar y José Sacristán, tanto uno como otro compañeros de
reparto en la cinta, en los que se ha fijado y de los que, afirma, ha aprendido
mucho. Después de “Toro” Mario Casas afirma haber sentido que ha crecido
profesionalmente.
Muy
vinculados al Festival malagueño, Casas recibió en 2013 la Biznaga de Plata a
mejor actor por “La mula” y Tosar, que tuvo presencia el año pasado con la
galardonada película de Daniel Guzmán, “A cambio de nada”, obtuvo además en
2011 el Premio Málaga. El elenco de Toro lo completan Ingrid García-Jonsson,
Nya de la Rubia y el ya mencionado José Sacristán, mito viviente de nuestro
cine y galardonado en Málaga por su trayectoria en 2014.



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