GERNIKA
Director: Koldo Serra
Reparto: James D'Arcy, María Valverde, Jack Davenport, Bárbara Goenaga, Ingrid García-Jonsson, Álex García, Irene Escolar, Víctor Clavijo, Julián Villagrán.
Guión/productores: José Alba, Carlos Clavijo, Barney Cohen
Fotografía: Unax Mendia
Producción: Pecado Films, Travis Producciones, Sayaka Producciones, Gernika The Movie
Distribuidora España: Betta Pictures
El Festival de Málaga ha sido el marco elegido para la presentación oficial de esta película que conmemora el bombardeo de Gernika. Coincidiendo con el 79 aniversario de este acontecimiento que asoló el pueblo vasco, Koldo Serra nos sume de lleno en esta guerra atroz entre hermanos, en los horrores de una contienda que dejó marcadas cicatrices en un país que no debe olvidar su historia. Aunque sólo fuera para evitar repetirla, para poner parches y resolver todo lo que convirtió en añicos los sueños de quienes pretendían libertad. Lo que ocurrió en Gernika, hace ya casi 80 años, no ha sido trasladado al cine hasta ahora; momento en el que Koldo Serra decide, con la responsabilidad que esto requiere, hacer de la ficción el medio para contar su historia, que dice mucho también de la nuestra propia.
Henry (James D'Arcy) es reportero y cubre la Guerra Civil para el "New York Herald Tribune"; desencantado y vaciado de fe para con su oficio, no encuentra manera de casar el éxito profesional con sus ideales, cada vez más desarraigados. La arrebatada atracción que sentirá Henry por Teresa (María Valverde), una censora republicana, convertirá la relación entre ambos en la auténtica piedra angular del filme. Henry tratará de recuperar, mirándose en los ojos de Teresa -y pese a los rechazos formales con los que ésta desestima los artículos que escribe Henry-, el compromiso con su moral y la pasión por su trabajo. En el medio, Vassyl (Jack Davenport), jefe de Teresa al servicio de la URSS, verá ese acercamiento entre el corresponsal y la funcionaria como un ataque personal que despertará sin remedio sus celos.
Interpretaciones a la altura de una superproducción de este calibre tras la que, da la sensación, existe una medición precisa para que todo fluya como se desea contar, pero sin aparentar resistencias ni tramas forzadas o delirantes. Todo orquestado desde una producción acertadísima que hace lucir con vistosidad cada plano. Gernika nos regala emoción, no sólo desde el ser de este argumento tan cargado de sensibilidad, sino desde ese poderío visual tan presente en las escenas, compuestas por imágenes que se quedan luciendo en la retina del espectador -muy especialmente mención al momento del bombardeo, que nos deja respirando en ese ambiente de devastación y angustia. Meritoria la atmósfera creada. Como meritorio también el esfuerzo por ser veraz con la historia que se cuenta, incluyendo matices necesarios para este propósito. En la película escuchamos cuatro idiomas: alemán, inglés, castellano y euskera, tal y como la historia requiere. Una apuesta que consideramos valiente a la par que acertada. La película es coherente y honesta, pues en ella no hay retrato de malos y buenos, sino que convenientemente se asume que en la guerra se producen muertes a ambos lados de la trincheras, con víctimas y verdugos tanto en un bando como en otro. Pese a todos los aciertos sí nos queda la sensación de que habría sido preciso -y el espectador lo agradecería- indagar aún más en personajes que pasan de refilón ante la cámara, sin que se argumenten sus motivaciones ni sus caminos previos. Se quedan en ámbar personajes como el de Ingrid García-Jonsson, por ejemplo. Hubiera sido interesante rasgar más en la historia de esta fotógrafa que se implica al limite para conseguir captar los instantes de horror sufridos durante una guerra. Da la sensación de que la historia se habría completado si se le hubiera cedido algo más de protagonismo a personajes sobre los que no recae apenas peso y sobre los que sentimos cierta curiosidad. No obstante, Gernika brilla con gran intensidad y deja colmadas nuestras expectativas, permitiéndonos asistir a un espectáculo que nos sensibiliza frente al sufrimiento humano y que, a la vez, nos despierta ante la barbarie y la injusticia sin dejar de entretenernos ni emocionarnos.
Pero a pesar de todo ese trasfondo social e histórico tan marcado, Gernika es realmente una historia de amor ubicada en un contexto de sufrimiento y desolación, donde la tragedia está muy presente. Eso carga de un dramatismo inevitable a la trama, que hace necesaria una revisión de nuestra historia y nos conmueve, ya no sólo por la circunstancia en que se suceden los hechos sino también por la humanidad que respiran los personajes, inspirados también en figuras reales. Sin ir más lejos, el personaje de D'Arcy encuentra su ser en George Steer, un periodista británico, testigo presencial de la destrucción de la villa y cuya crónica incluida en la portada del New York Times (con fecha 28 de abril de 1937) conmocionó al mundo entero al refutar la tesis del bando nacional y revelar la autoría de la Legión Cóndor alemana en el devastador ataque aéreo.
Como si nos diéramos a la contemplación del cuadro de Picasso, con esa fuerza abrumadora tan característica, nos quedamos prendados ante la magnitud poderosísima de una obra que está cargada de arte y de verdad.


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