Perfectos desconocidos. Dirección: Álex de la Iglesia. Elenco: Belén Rueda, Eduard Fernández, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Juana Acosta, Ernesto Alterio, Pepón Nieto. Guion: Jorge Gerrikaechevarría y Álex de la Iglesia (Remake Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini y Rolando Ravello). Fotografía: Ángel Amorós. Distribuidora: Universal Pictures Spain. Productora: Telecinco Cinema, Nadie es perfecto, Pokeepsie Films, Mediaset España, Movistar +. Duración: 96 minutos.
Adaptación fiel a su original; la cinta italiana"Perfetti sconosciuti", de Paolo Genovese; este remake español con sello de la Iglesia ha cautivado también al público español como su cálida acogida en taquilla bien indica: no en vano se ha convertido ya en la película más taquillera del director bilbaíno con una recaudación que ya supera los 20 millones. Fenómeno imparable que a su favor tiene el anclaje con una realidad que reconocemos por lo actual que resulta, la crítica que emana de este metraje, el dificultoso equilibrio por el que transita su planteamiento apelando al tono tragicómico que hace balancear a los personajes entre una línea donde a un lado tiene cabida el surrealismo más cercano al patetismo y que hace reconocer, en el lado opuesto, la tensión y el drama sin perder un sólo ápice de convicción formal e interpretativa en su planteamiento.
La noche. Un eclipse de luna. Siete amigos que se reúnen para pasar una velada agradable. Esta escena cotidiana desembocará en un encuentro corrosivo en el momento en que se propone un juego: poner los móviles de los asistentes encima de la mesa para que todos sean testigos del material que a lo largo de la noche irá apareciendo: los mensajes que se reciban a partir de ese momento serán descubiertos por todos, sin excepciones. Y a partir de aquí surge la cuestión: ¿Cuántas relaciones se destruirían si fuéramos completamente honestos? ¿Qué habría de esperarse si la mentira no fuera refugio en el que mantener oculta nuestra verdadera personalidad: quiénes realmente somos?
Con una sencilla puesta en escena, "Perfectos desconocidos" se desarrolla a buen ritmo: punto a favor ese dinamismo con el que la trama va sucediendo y un guión, en esa misma línea, que destaca por su precisión y agilidad. Invitación permanente a que el espectador vaya conjeturando respecto al devenir de los acontecimientos supone mantenerlo en ese ritmo ágil al que se hacía referencia, puesto que la historia se sucede en tres niveles que avanzan simultáneos: lo que el personaje manifiesta, aquello que piensa y lo que piensan los demás. "Perfectos desconocidos" se aleja de la planitud para jugar con altos y bajos y hacer al espectador en todo momento partícipe de ese juego que consigue lo que busca: entretener. Para ello se sirve de un elenco de actores que de modo coral vertebran las situaciones que se originan a lo largo del metraje con pulso firme y veraz. Creíbles en sus roles, conforman una orquesta bien acompasada en la que ninguno destaca especialmente por encima de nadie. Consiguen algo no exento de dificultad: aportar desde sus posiciones lo que pudiera parecer mínimo, apostando también por el otro en la escena, para logar una unidad total que no sería la misma sin ese reparto de responsabilidades en la acción que no entiende de egos.
Entre todo se destaca la idoneidad de recurrir al indudable protagonismo que ha ganado en nuestra vida la tecnología en nuestro modo de relacionarnos para podernos reconocer en situaciones en las que de algún modo u otro se refleja una realidad que resulta más que actual. Los móviles encierran vidas -tan reales o ficticias como queramos pintarlas-, secretos y miserias... despegarnos de ellos podría suponer hipotecar todo eso. Conectarnos con el otro ya no parece posible sin activar el wifi. Esta película no tendría sentido en otro tiempo en el que las conexiones virtuales no hubieran ganado la partida al contacto real. Hacer uso de esto tan actual para, por otro lado, dar pie y tocar temas que nos afectan como sociedad, facilita la toma de conciencia y genera la identificación; asunto válido tanto para provocar risas como para estimular la reflexión pertinente.
Puede pecar de abusivo el recurso a la fantasía en una cinta en la que creo habría sido más efectivo apostar por una armonía que se mantuviese en todo momento y en la que se apostara únicamente por asuntos terrenales, sin más actuaciones que restaran credibilidad al conjunto. Opinión personal, no obstante.
En cuanto a la labor de De la Iglesia, cabe destacar la dificultad añadida que puede suponer el alejarse de las historias propias para alguien cuyo universo personal es tan complejo. Si su potencia y su poderoso sentido visual se he visto irremediablemente mermado en esa falta de libertad que lleva implícito todo remake, es de recibo plantear que su esencia -en la medida en que le es posible- se ve plasmada, y que son muchos los motivos que nos hacen recomendar esta obra, divertida e incómoda a ratos, que nos hará vivir una velada única.
Entre todo se destaca la idoneidad de recurrir al indudable protagonismo que ha ganado en nuestra vida la tecnología en nuestro modo de relacionarnos para podernos reconocer en situaciones en las que de algún modo u otro se refleja una realidad que resulta más que actual. Los móviles encierran vidas -tan reales o ficticias como queramos pintarlas-, secretos y miserias... despegarnos de ellos podría suponer hipotecar todo eso. Conectarnos con el otro ya no parece posible sin activar el wifi. Esta película no tendría sentido en otro tiempo en el que las conexiones virtuales no hubieran ganado la partida al contacto real. Hacer uso de esto tan actual para, por otro lado, dar pie y tocar temas que nos afectan como sociedad, facilita la toma de conciencia y genera la identificación; asunto válido tanto para provocar risas como para estimular la reflexión pertinente.
Puede pecar de abusivo el recurso a la fantasía en una cinta en la que creo habría sido más efectivo apostar por una armonía que se mantuviese en todo momento y en la que se apostara únicamente por asuntos terrenales, sin más actuaciones que restaran credibilidad al conjunto. Opinión personal, no obstante.
En cuanto a la labor de De la Iglesia, cabe destacar la dificultad añadida que puede suponer el alejarse de las historias propias para alguien cuyo universo personal es tan complejo. Si su potencia y su poderoso sentido visual se he visto irremediablemente mermado en esa falta de libertad que lleva implícito todo remake, es de recibo plantear que su esencia -en la medida en que le es posible- se ve plasmada, y que son muchos los motivos que nos hacen recomendar esta obra, divertida e incómoda a ratos, que nos hará vivir una velada única.


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