En Barcelona, Carlota emprende desesperadamente la búsqueda de Marc, su hijo adolescente que ha huído de casa sin dejar rastro. A miles de kilómetros, Sinjar, la región situada en la frontera entre Irak y Siria, vive bajo la amenaza de la guerra. Allí, Hadia es obligada a vivir como esclava junto a tres de sus hijos al servicio de una familia. En cambio, Arjin consigue escapar del cautiverio y, en su intento de regresar a casa, terminar uniéndose a las milicias kurdas. Tres mujeres separadas de sus seres queridos. ¿Hasta dónde estarán dispuestas a llegar para recuperarlos?
La tercera película de Ana Borafull lleva por título "Sinjar" y fue presentada en la pasada edición del Festival de Málaga como inicio de un periplo que continúo por otros certámentes del país, siendo recientemente galardonada con el Premio a Mejor Largometraje y Premio de la Crítica en el Fic-Cat. Ana Borafull firma este ambicioso proyecto, encargándose del guion, dirección y producción de una cinta con marcado contenido social. En Sinjar, tres historias se suceden y entrelazan para acercarnos a las duras realidades de tres mujeres con mucho en común: su fortaleza y la violencia que arrolla con inusitada fuerza en sus caminos, propiciando en ellas un cambio inesperado al que deberán responder con las herramientas que poseen. El género humano llevado al límite, la devastación que parte de decisiones ajenas y la manera en que todo lo anterior impacta sobre las mujeres, especialmente. Son varios los temas que se abordan desde esta radiografía certera y precisa de una realidad presente en nuestro universo: machismo, esclavitud, integrismo... todas con pulso firme, sin aditivos que dulcifiquen la inequívoca dureza de los relatos que parten de testimonios reales y una decisión implícita que conlleva irremeduablemente hacia el camino de la denuncia ante la atrocidad, no puede haber otra forma de pasar sobre la barbarie. El cine debe servir también y sobre todo, a nuestro juicio, para poner el foco en temas de importancia que en muchos casos resultan invisibilizados. Ana Borafull lo consigue y se sirve de interpretaciones que suman mérito al conjunto, partiendo de la pericia y talento bien demostrado de una siempre mayúscula Nora Navas y unas actrices noveles especialmente vinculadas a las historias que cuentan, Halima Ilter y Eman Eido, esta última víctima real que fue secuestrada con nueve años por el Estado Islámico.
Sinjar nos habla de Carlota y el resquebrajo de su mundo propio a raíz de la marcha súbita e inesperada de su hijo, que decide integrarse en las filas del Estado Islámico. En la composición de un personaje repleto de culpa, Nora Navas brilla en los matices para sumar credibilidad a una historia en la que se unen la desesperación y la fuerza para continuar hacia el reencuentro con su hijo, el motor que dirige los pasos de Carlota y que la contienen como una madre coraje. El tormento en sus ojos se hace doloroso para el espectador, que fácilmente reconocerá en sus maneras el desconsuelo y el dolor de una mujer con el futuro en pedazos desde el mismo momento en que descubre que su hijo ha partido del hogar para cometer actos reprobables desde el sentido moral.
Sinjar nos habla de Hadia, una mujer yazidí que trabaja como esclava con sus hijos para un matrimonio en Siria, sufriendo a menudo violaciones y abusos que son soportados bajo la capa de extrema necesidad ante unas circunstancias absolutamente desfavorables y un sistema que no sólo no la auxilia sino que le dá la espalda: por sus creencias religiosas y su condición de mujer. Retrato descarnado del horror que viven muchas mujeres en situaciones de profunda vulnerabilidad.
Sinjar nos habla de Arjim, que logró escapar del cautiverio y encuentra en el alistamiento a las milicias kurdas su única vía para reencontrarse con su familia, su verdadero deseo. En este camino hacia el logro de sus objetivos, Arjim pasará por situaciones de más violencia en las que conseguirá descubrirse. Correcta la interpretación de Eman, que da vida a una historia que le permite enfrentarse a la suya propia desde otra posición.
Las vidas de Carlota, Hadia y Arjim están atravesadas por las consecuencias de una guerra internacional, de indudable calado a todos los niveles. Los efectos del conflicto bélico producen un impacto a menudo en las vidas de personas que no han decidido formar parte de la lucha, que incluso la desconocen, ajenas pero envueltas en esa crudeza sin más opción que la de sobrevivir. Sin embargo, el espectador espera mayor conexión entre todas estas historias que se desarrollan en paralelo sin una unión premeditada que enlace lo sucedido en tres puntos distanciados no sólo en lo geográfico. La densidad del metraje puede desarrollarse a través de su extensa duración que permite detenernos en cada resquicio de verdad que habita en cada una de ellas, pausadamente, para terminar concluyendocon un desenlace abrupto y precipitado si atendemos a la línea que va siguiendo la cinta y que merece un final más fundamentado, quizás por las expectativas que va generando a medida que va avanzando.
En el plano técnico, destacar la fotografía de Lara Vilanova, con marcadas diferencias entre lo urbano y lo local en su composición artística. Rodada en parte en el Kurdistán iraquí, cabe destacar el trabajo de documentación de Sinjar, así como el compromiso adquirido por el equipo para dar voz a estas mujeres y poner en el centro sus historias, desgraciadamente para nada alejadas de la realidad de muchas otras. Aplaudimos siempre el cine comprometido y valiente que habla de lo que, como sociedad, nos concierne. Ojalá su visionado despierte muchas conciencias.



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