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#Teatro Malquerida

En la hacienda de verano de Esteban y Raimunda, se celebra la pedida de boda, de Acacia con Faustino. Al queda Raimunda viuda contrajo matrimonio con Esteban, odiado por su hijastra.

La tragedia se cierne cuando matan al novio la noche de la pedida. Los hijos del tío Eusebio, padre del asesinado, acusan al sobrino de Raimunda, quien fue el primer pretendiente de Acacia, pero otros en el pueblo saben que es inocente. 

Comienza a escucharse una copla por las calles "El que quiera a la del Soto... tiene pena de la vida. Por quererla quien la quiere, le dicen... la Malquerida".

El cerco se estrecha y los desseos ocultos y prohibidos empiezan a aflorar. El Rubio, capataz de la hacienda, alimenta las rivalidades entre las familias. 

Raimunda, decidida a descubrir la verdad, no descansará hasta encontrar esa luz que, como el fuego, arrasará todos sus sueños. 



Tras treinta y ocho años desde que se metiera en la piel de la atormentada Acacia, Aitana Sánchez-Gijón regresa al universo rural y asfixiante de Jacinto Benavente, pero esta vez haciéndose cargo del reverso de la moneda: la imponente y trágica Raimunda. Dirigida por Natalia Menéndez, esta nueva versión de La malquerida demuestra que los clásicos no pertenecen al pasado, sino que son espejos capaces de proyectar las corrientes más oscuras, violentas y universales de la condición humana.

La obra nos sumerge en una hacienda castellana marcada por el luto, los secretos a voces y una pasión subterránea que lo corrompe todo. Lo que comienza como el retrato de una cotidianidad familiar se transforma, de manera sutil pero implacable, en una tragedia griega de horizontes secos. Benavente confronta aquí dos fuerzas telúricas: el mandato social de la honra frente al deseo ciego, una dualidad destructiva que arrastra a sus protagonistas hacia un abismo inevitable.



El espejo del tiempo: El regreso a la hacienda

Para el espectador que atesora la memoria de nuestras tablas, este montaje propone un fascinante juego metateatral. Ver a Aitana Sánchez-Gijón encarnar hoy a Raimunda es asistir a una suerte de justicia poética y madurez escénica arrolladora. Si en su juventud defendió la fragilidad rebelde de la hija, hoy sostiene el peso del drama con una autoridad incontestable. Su Raimunda es una loba herida pero feroz; una mujer que intenta blindar las paredes de su hogar contra la verdad descarnada, llenando el escenario con una gestualidad contenida que estalla en los momentos de quiebre. Aitana Sánchez-Gijón construye una Raimunda desde la contención. Apenas necesita elevar la voz para hacer visible el conflicto interno del personaje; son la mirada, los silencios y una presencia escénica imponente los que sostienen el peso de la tragedia.

La música y el espacio sonoro envuelven la función sin imponerse nunca al texto. Especialmente sugerente resulta la utilización de la copla popular, que atraviesa la obra como un murmullo persistente. Más que ilustrar la acción, actúa como la voz del pueblo: una presencia invisible que observa, juzga y mantiene vivo el murmullo sobre el que Benavente construye toda la tragedia.

 


A su lado, el elenco se despliega con una solvencia impecable, huyendo del arquetipo plano. Goizalde Núñez aporta una bocanada de verdad necesaria; su composición brilla por una naturalidad orgánica que oxigena la puesta en escena, anclando el conflicto a la tierra y equilibrando la constante gravedad del texto. Otra revelación es Lucía Juárez. Su Acacia esquiva hábilmente el cliché de la víctima desvalida para regalarnos un personaje complejísimo, edificado sobre una fascinante dualidad de garra y extrema fragilidad. Juárez maneja con maestría las aristas de una joven atrapada en su propio laberinto emocional.

La tensión invisible y el asombro colectivo

Una de las decisiones más arriesgadas del montaje tiene que ver con la gestión de la tensión dramática durante los primeros actos. Natalia Menéndez decide mantener en un plano muy soterrado la corriente eléctrica y prohibida que une a dos de sus personajes principales, privando al ambiente de esa atmósfera sofocante y de peligro inminente que el texto original sugiere desde el arranque. Aunque en algunos momentos eché de menos que esa amenaza contaminara antes el ambiente, dejando entrever con mayor claridad el peligro que se esconde bajo la aparente calma, se trata de una elección plenamente consciente.

Precisamente por ello, el desenlace adquiere una fuerza extraordinaria. Al no desvelar la arquitectura del conflicto antes de tiempo, el clímax de la obra detona con una potencia sísmica. La verdad irrumpe con una violencia tan seca y desprovista de filtros que provoca en el patio de butacas un sobrecogimiento unánime, un jadeo de incredulidad colectiva de esos que reconcilian al público con el poder perturbador del teatro en vivo. Es una decisión arriesgada, sí, pero también profundamente coherente con una puesta en escena que confía en el poder del tiempo, del silencio y de la sorpresa.

Una acusación al silencio

En el fondo, esta lectura de La malquerida va más allá del melodrama rural o de lo que, por siglos, se ha entendido como "crimen pasional". Al igual que los grandes textos del siglo XX, la pieza funciona como una radiografía incómoda sobre la complicidad social y los mecanismos con los que una comunidad determina qué violencias tolera y cuáles decide sepultar bajo la alfombra de las apariencias. Es un viaje crudo hacia el momento exacto en el que el autoengaño ya no basta para sobrevivir y la realidad impone su ley más salvaje. 


La malquerida es una obra sobre el silencio y sobre las violencias que una comunidad decide ocultar para preservar una idea de honor que termina devorándolo todo. Benavente escribe sobre aquello de lo que nadie quería hablar, y Natalia Menéndez entiende que esa incomodidad sigue siendo profundamente contemporánea. Su montaje no pretende actualizar el texto, sino demostrar que nunca dejó de estar vivo. Porque las formas cambian, pero el abuso, los pactos de silencio y las apariencias siguen encontrando nuevas maneras de perpetuarse. Ahí reside la verdadera fuerza de esta versión: en recordarnos que los clásicos no sobreviven porque resistan el paso del tiempo, sino porque, en demasiadas ocasiones, el tiempo sigue pareciéndose demasiado a ellos.

La versión de Natalia Menéndez consigue que el clásico resuene hoy con una vigencia incontestable, recordándonos que el escenario sigue siendo el lugar idóneo para observar, sin anestesia, los abismos del poder, el deseo y la vulnerabilidad humana. 


La malquerida, de Jacinto Benavente. Versión y dirección: Natalia Menéndez. Adaptación: Juan Carlos Rubio. Música: Mariano Marín. Con Aitana Sánchez-Gijón, Goizalde Núñez, Lucía Juárez, Juan Carlo Vellido, José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada, Álex Mola, Antonio Hernández Fimia.

🎭 Próximas fechas de la gira 

📍 Canarias – 18 y 19 de septiembre de 2026 📍 Rivas-Vaciamadrid – 2 de octubre de 2026 📍 San Sebastián de los Reyes – 3 de octubre de 2026 📍 Talavera de la Reina – 4 de octubre de 2026 📍 León – 9 y 10 de octubre de 2026 📍 Narón – 16 y 17 de octubre de 2026 – Pazo da Cultura 📍 Ourense – 18 de octubre de 2026 – Teatro Principal 📍 Pinto – 23 de octubre de 2026 📍 Fuenlabrada – 24 de octubre de 2026 📍 Getafe – 25 de octubre de 2026 📍 Avilés – 30 de octubre de 2026 – Teatro Palacio Valdés 📍 Gijón – 31 de octubre de 2026 – Teatro Jovellanos 📍 Soria – 5 de noviembre de 2026 📍 Pamplona/Iruña – 6, 7 y 8 de noviembre de 2026 – Teatro Gayarre 📍 Leganés – 13 de noviembre de 2026 📍 Córdoba – 14 de noviembre de 2026 – Gran Teatro de Córdoba 📍 Santurtzi – 20 de noviembre de 2026 📍 Basauri – 21 de noviembre de 2026 📍 Burgos – 22 de noviembre de 2026 – Teatro Principal 📍 Miranda de Ebro – 27 de noviembre de 2026 📍 Logroño – 28 de noviembre de 2026 – Teatro Bretón 📍 Tudela – 29 de noviembre de 2026 📍 Ciudad Real – 3 de diciembre de 2026 – Teatro Municipal Quijano 📍 Valdepeñas – 4 de diciembre de 2026 📍 Sevilla – 5, 6 y 7 de diciembre de 2026 – Teatro Lope de Vega 📍 Palencia – 11 de diciembre de 2026 📍 Salamanca – 12 de diciembre de 2026 📍 Segovia – 13 de diciembre de 2026 📍 Murcia – 18 de diciembre de 2026 – Teatro Romea 📍 Alicante – 19 y 20 de diciembre de 2026 – Teatro Principal






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